31 de octubre de 2014

[Liberia-África] Lo realmente catastrófico y terrorífico no es el ébola sino el capitalismo



El ébola, la pandemia que actualmente azota África Occidental (Liberia, Sierra Leona, Guinea-Conakry, Nigeria...), cuyo epicentro es Liberia y que brotó en marzo del presente año, según la Organización Mundial de la Salud-OMS ya va dejando como secuela cerca de 5000 personas muertas y 10000 personas contagiadas hasta el momento (octubre del 2014, incluidos algunos casos aislados en EE. UU., España, Bolivia, entre otros).[1] Durante el mes de agosto, también hubo algunas protestas, enfrentamientos con la policía e incluso saqueos a propósito de esta peste en dicho país africano. En octubre nuevamente se registraron protestas aunque menos "violentas". Nosotros interpretamos esta “crisis sanitaria” –así la nombran en los alarmistas medios de desinformación- como una parte y un síntoma de la catástrofe capitalista generalizada mundial, y estas protestas como luchas proletarias en defensa de la vida y por tanto contra la lógica misma de este sistema de muerte, así no se asuman o reivindiquen como tales.

En la sociedad capitalista no existen las “catástrofes naturales”, en realidad sólo existen las catástrofes sociales, es decir aquellas que afectan, perjudican y matan a lxs que ya se llevan la peor parte de esta sociedad, a lxs que no sufren sólo un agravio particular sino un agravio universal: lxs proletarixs, de hecho, siempre son lxs más afectadxs, lxs que primero y más se mueren en incendios, terremotos, tsunamis, pestes, guerras, etc. por doquier, debido a que habitan en las peores viviendas situadas en los peores terrenos, no tienen recursos para salvarse o para sobrevivir a la catástrofe, son carne de cañón o ratas de laboratorio, etc. Y qué más catastrófico ya que una cotidianeidad de esclavitud asalariada (sea como empleadxs sea como desempleadxs e informales), de precariedad, de pobreza, de miseria, de alienación, de muerte en vida... peor aún en África, históricamente uno de los continentes más “pobres”, mejor dicho, más desiguales, violentos y devastados del planeta. Por eso mismo son lxs proletarixs lxs que protestan, lxs que luchan contra todo ese estado de cosas en defensa de su vida -literal y crudamente hablando-. En este caso concreto, lxs proletarixs en Liberia que todavía no fueron contagiados y no murieron con ébola protestaron por sus vidas y, “para colmo”, la policía y el ejército los reprimieron.

Un niño liberiano herido por las fuerzas represivas durante las protestas de agosto.

Este cuasi dantesco cuadro se explica por varias razones de fondo. Bajo el capitalismo lo que no produce valor debe morir, sobre todo en tiempos de crisis como el actual, en el cual el Capital, para reestructurar y recuperar el ciclo de su valorización, debe destruir, junto con las demás fuerzas productivas, a la principal fuerza productiva que existe: la fuerza de trabajo humana que ya no requiere o le “estorba”, o sea a lxs proletarixs desempleadxs, al proletariado excedentario o sobrante, porque éste al no trabajar y al no consumir lo suficiente, no valoriza y por tanto no le “sirve” al capital, sino que más bien puede ser “peligroso” para su orden social. ¿Cómo lo mata? Mediante guerras, mediante medidas de austeridad que matan de hambre y de depresión... y mediante estas pandemias de origen científico-militar-comercial: tal como el SIDA en los 70s y 80s (“coincidentemente” también en África) o como la gripe “porcina” hace unos años.[2] Sí: estas mortales enfermedades de laboratorio son armas biológicas terroristas y genocidas del Capital-Estado mundial contra el proletariado, más aún -como decíamos- en tiempos de crisis como el actual.[3]

En este genocidio “sanitario” que hoy acontece en África tienen responsabilidad directa y específica la agroindustria de exportación, la industria biotecnológica, la industria farmacéutica y la industria militar internacionales. La agroindustria de exportación porque ha expropiado y desplazado a miles de campesinos liberianos a territorios agrestes donde –se presume- han sido contagiados de este virus por parte de algunos animales silvestres que lo portan. La industria biotecnológica y la industria farmacéutica porque en realidad son las que producen y/o administran tanto la enfermedad –esta y otras tantas- como la cura (o al menos el paliativo) que, a través de Estados, empresas y ongs internacionales, la venderán masivamente para así lucrar u obtener ganancias. Y sobre todo la industria militar o bélica, más concretamente el Pentágono (de EE.UU.), porque un determinado sector de las industrias biotecnológica y farmacéutica le pertenecen, porque protege mediante la violencia y el terror estatales los mencionados intereses capitalistas y porque, aparte de experimentar con él y contagiarlo mortalmente, así puede reprimir o “neutralizar” al proletariado en caso de que se sacuda y se levante. Cabe agregar que la industria extractiva internacional (en especial algunas corporaciones estadounidenses, británicas y francesas) también es cómplice y beneficiaria de esta catástrofe, considerando que Liberia es el tercer exportador mundial de hierro, Sierra Leona es uno de los principales exportadores de diamantes a nivel mundial, y Guinea posee grandes reservas de bauxita, diamantes, oro y aluminio. Todo esto indica que no se trata de “la terrible fuerza de la naturaleza” que “perjudica la economía local”, sino más bien de una compleja maquinaria económica-militar-científica de muerte con válvulas de escape para la crisis capitalista internacional en esa región del planeta.[4]

Ahora bien, no poca gente piensa y dice: “ojalá que encuentren rápido la cura para el ébola” o al menos su paliativo.[5] Pero la cura o la medicina es igual o peor que la enfermedad, como bien dice el refrán. Porque, desde que existe, la medicina es un dispositivo del Capital-Estado para controlar “biopolíticamente” a la población trabajadora, para mantener una “saludable” esclava asalariada colectiva y clase dominada. La particularidad y gravedad de este dispositivo de poder reside en que mediante él se puede decidir sobre la muerte y por tanto sobre la vida.[6] Al igual que el trabajo, la medicina es una tortura, otro tipo de tortura. Aparte de ser un negocio, la ciencia médica o de la salud es la administración capitalista-estatal de la muerte a plazos; en este caso muy concreto, de la muerte a plazos del proletariado excedentario atacado por el ébola en África Occidental. Esto es lo que, en última instancia, explica la espectacular intervención "humanitaria" -y por poco "heroica"- de todo ese aparato médico y farmacológico internacional en dicho territorio. 

Si todo lo anterior suena escalofriante, maquiavélico, despiadado, inhumano... es porque lo es. Mas no se trata de ninguna “conspiración” por parte de “poderosas y perversas élites secretas”. No, en lo absoluto, que quede claro. Así mismo es o así mismo funciona el capitalismo, nuestro enemigo mortal: un sistema gobernado por el fetiche-capital (no por la humanidad) y sostenido por su violencia estructural, un sistema inhumano, asesino, no sólo porque sólo le interesa lucrar u obtener ganancia y no satisfacer las necesidades humanas, sino porque para alcanzar tal fin no duda en matar “a sangre fría” y de múltiples formas a todo lo que no produzca o genere valor. El Capital -y su Estado- es el mayor genocida (y ecocida) que ha existido en la historia. Lo realmente catastrófico y terrorífico no es que el ébola se propague, contagie y mate más y más gente, sino este sistema fetichista y de muerte que es el capitalismo.

De allí que lo interesante y destacable de las protestas de agosto en Liberia, no es que se dieron sólo debido a los cientos de cadáveres dejados en las calles y a la cuarentena impuesta por el Estado, esto es debido a la “mala gestión” del ébola, como salieron a decir los políticos, los médicos y los periodistas al respecto; no, sino que fueron protestas tanto contra la enfermedad como contra la medicina, contra la catástrofe y la muerte, contra la mercancía (saqueos) y contra la policía (enfrentamientos); en fin, contra este sistema, aunque “no sepan que lo están haciendo”. Porque –insistimos- este sistema funciona así: es un sistema catastrófico y de muerte por naturaleza, depredador, antropófago. Lxs proletarixs en Liberia lucharon contra todo esto en defensa de su vida, aunque haya sido por instinto de supervivencia y no se hayan asumido como clase. Por más esporádicas y fugaces que hayan sido, estas protestas poseen un contenido universal: las necesidades humanas (en primer lugar la de vivir) contra las necesidades de la dictadura democrática de la economía (de la ganancia, el dinero, la mercancía, el valor). La Humanidad proletarizada contra el Capital... Y no es un hecho menor que estxs proletarixs que protestaron por sus vidas sean negrxs, ya que históricamente África es un continente de conquista, colonialismo y “apartheid” capitalistas, y, por tanto, de lucha de clases bajo una forma racial (como en Ferguson-EE.UU.)

Para nosotros, proletarios revolucionarios, es de esperar que esta crónica situación sea una chispa o un detonador para una lucha proletaria cada vez más generalizada y más radical en esa histórica región del sistema-mundo capitalista. Y, en un continente tan “extremo” y convulsionado como lo es África, sino es ésta otra situación lo será (acaso nuevas huelgas de mineros en Sudáfrica, nuevas luchas contra la industria petrolera en Nigeria, etc.). Sabemos, sin embargo, que aquello no será inmediato y que la burguesía mundial y regional ya ha tomado medidas de facto para evitarlo: las constantes guerras intestinas en ese continente (entre fracciones de los ejércitos, guerras étnicas y tribales, etc.), así como la instalación de una nueva base militar del Pentágono en Liberia.

En todo caso, tres cosas quedan claras: la situación mundial actual es totalmente desastrosa, estamos en guerra, y para suprimir estas artificiales pestes mortales –sus causas y sus efectos- habrá que suprimir o abolir mundialmente y para siempre el sistema capitalista mediante la revolución proletaria. Y ésta última sólo será posible si es que lxs proletarixs de todas partes, colores, sexos y edades luchamos de manera radical, autónoma, organizada, unitaria y conciente por nuestras necesidades humanas y por destruir lo que nos destruye: el catastrófico mundo del Capital. Será esto ó perecer como especie y como planeta.

Proletarios Revolucionarios

Quito, Octubre 2014

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“Podemos mencionar al menos cuatro factores que han facilitado la aparición y diseminación de infecciones virales cada vez más peligrosas, en los últimos 50 años:
    - El desarrollo de la industria pecuaria.
    - La fabricación de armas biológicas con fines militares.
    - La expansión de la industria farmacéutica y de biotecnologías.
    - El empeoramiento de las condiciones de vida de las poblaciones explotadas, hacinadas y estresadas en enormes ciudades.
   Estos son hechos reconocidos por todo el mundo, y se dan dentro de un marco general que podemos describir como el gran caos capitalista.
Este es un sistema al que es inútil tratar de atribuirle alguna coherencia, porque no la tiene, excepto por la coherencia con que busca perpetuarse a costa de la vida en este planeta. Limitémonos por ahora a describir las fuerzas motrices que lo mantienen funcionando: la preservación de la propiedad privada, la extracción de valor del trabajo vivo, el incremento ilimitado del lucro mediante la producción y compraventa de mercancías. Todo lo demás en este mundo existe o deja de existir en función de estas realidades básicas, que dan forma a lo que llamamos “capitalismo”. [...]
“Esta es la realidad. Suprimir las condiciones que facilitan el desarrollo de peligrosas epidemias pasa por suprimir la industria capitalista así como sus resguardos políticos y militares.
Es más: si de verdad quisiéramos eliminar el riesgo de pestes letales como la supuesta gripe porcina [o el ébola], tendríamos que suprimir las investigaciones militares sobre bacterias y virus, y por lo tanto una muy lucrativa rama de la industria bélica. Además tendríamos que desmantelar la industria farmacológica que produce medicamentos y los inocula prácticamente a la fuerza, para aumentar sus ganancias. Por último, sería necesario transformar el modo en que las sociedades producen e intercambian los bienes y servicios, ya que el modo actual de producirlos conlleva inevitablemente la concentración de millones de personas en estructuras urbanas caóticas e insalubres, en condiciones que debilitan al organismo humano haciéndolo cada vez más dependiente de fármacos que a la larga lo debilitan aún más.” [...]
“...No tiene sentido hablar de una conspiración, si por ello entendemos un plan diseñado con minuciosidad y ejecutado con precisión en cada detalle, por unos monstruos enceguecidos por la sed de poder. [...]
La única conspiración que debe importarnos es la conspiración de la que casi todo el mundo se ha hecho cómplice, y que pretende que el modo de producción capitalista, este modo de producir nuestra vida por intermedio de empresas y del Estado, es insuperable y eterno.
El modo de producción capitalista es el sacrificio de miles de millones de vidas, en favor del crecimiento imparable de cifras abstractas almacenadas en sistemas informáticos, cifras que a fin de cuentas expresan el poder de un puñado de sicópatas sobre el mundo entero.
Ese poder se derrumbaría en un abrir y cerrar de ojos si dejáramos de sustentarlo con nuestra pasividad y conformismo de cada día.
Puede que en verdad la pandemia de gripe [y de ébola] sea una operación mediática para atemorizarnos.
Puede ser también que secretamente hayan inoculado un virus para enriquecerse una vez más a costa de nuestro sufrimiento, nuestro miedo y nuestra muerte.
Puede que todo haya sido un accidente imprevisto y que ahora los poderosos estén tratando de lucrar de él de la mejor forma posible, como hacen siempre.
Sea lo que sea, ir por ahí aventurando hipótesis conspirativas es quedar reducido a una simple antena repetidora de la confusión generalizada. [...]
El capitalismo no es una conspiración orquestada por Donald Rumsfeld y sus amigotes, es un tipo de relación social que rige en el mundo entero, y en la que todos y cada uno de nosotros toma parte. Es esa relación social en que tratamos nuestra propia actividad humana, nuestra capacidad de crear y producir, nuestra sociabilidad, nuestra fuerza de trabajo, como si fuera una mercancía más que se compra y se vende en el mercado. Si millones de personas se negaran a seguir reproduciendo esa relación social, si se negaran a vender su fuerza de trabajo por dinero, ese sería el principio del fin del sistema tecno-industrial, militar y político que nos oprime.” [...]
“...Lo que define al capitalismo no son sus excesos, sino la aplastante normalidad de su funcionamiento cotidiano.
La enajenación del individuo bajo el capitalismo alcanza su punto culminante cuando éste reacciona atemorizado ante una pandemia de gripe [o de ébola], o indignado ante la posibilidad de que sea una farsa, después de haber tolerado tranquilamente las miserables condiciones de vida que en primer lugar hicieron posible la pandemia o su simulación engañosa.
El capitalismo no es peor hoy día de lo que era hace un mes, antes de que se hablara de la peste. Es sólo que hoy día está más completo. Y lo estará más aún en el futuro, cuando la acumulación de absurdas catástrofes y confusiones nos haga sentir que realmente estamos en el infierno.
Pero si el capitalismo sólo se está aproximando a su realización más plena, ¿cómo es que seguimos siendo indiferentes a la guerra librada durante generaciones contra el capitalismo?
En 1918, cuando la pandemia de gripe mató a unas 60 millones de personas, en muchos poblados los únicos que se salvaron de la enfermedad fueron los que se negaron a ser vacunados.
Por la misma época, en todo el mundo: de Petrogrado a la Patagonia, de Canadá a la India, de China a Italia, de Argentina a Alemania, millones de explotados se movilizaron espontáneamente para acabar con este orden social que los humillaba y asesinaba, igual que a nosotros hoy día. La huelga general, la insurrección, el sabotaje, la propaganda escrita y verbal, la organización y la acción directa fueron algunas de sus armas, y siguen siendo las armas contra este sistema de muerte, hoy tanto como ayer.” (Extractos de Ya es hora de que esto termine. Comunización. 2009.)



[1] Una pandemia es la afectación de una enfermedad infecciosa de los humanos a lo largo de un área geográficamente extensa, que puede abarcar inclusive varios países y hasta varios continentes. Peste o plaga son sus sinónimos. El ébola está catalogado dentro de las 10 pandemias más letales en la historia de la humanidad.
[2] Sobre el SIDA, es muy recomendable la lectura de los artículos “¡El SIDA, puro producto de la Ciencia!” y “¿Los orígenes del SIDA en 1959? ¡La ciencia se retracta discretamente!” en Comunismo N° 33 (julio 1993) y N° 39 (noviembre 1996), respectivamente. Y sobre la llamada gripe “porcina”, el artículo de Comunización del año 2009 titulado Ya es hora de que esto termine. Sobre la pandemia de gripe anunciada en los medios de desinformación.
[3] Aquí hay que señalar que el ébola no es para nada una enfermedad reciente, sino que brotó en los 60s y luego reapareció en los 80s y 90s. De modo que no es “accidental” que se haya reactivado, expandido y mantenido tanto hoy en día, sino que es ni más ni menos que para matar proletarios sobrantes y así contrarrestar la crisis de valorización generalizada en África.
[4] Véase: “Algunas cosillas sobre el ébola”; “El ébola, negocio del Pentágono”; “Ébola: lucha de clases en el corazón de las tinieblas”; “Ébola o la quiebra moral del capitalismo”. 
[5] Así los medios de desinformación digan lo contrario, la cura para el ébola –y para otras enfermedades mortales- ya existe, pero se la oculta o se la administra por dosis en forma de paliativos, porque de lo que se trata es de administrar científica y rentablemente la muerte o el sacrificio de miles de proletarixs en aras del dios-capital.
[6] Por esta razón los médicos son los profesionales acaso más cotizados y bien pagados en el mercado laboral capitalista, así como también son los más detestablemente arrogantes y deshumanizados. No son “asesinos” propiamente dichos, pero a veces sí son “matasanos”: son unos torturadores científicos, anti-bióticos (anti-vida) personificados y tecnoburocratizados.