1 de diciembre de 2017

Solidaridad Internacional con la Lucha Mapuche


Las recuperaciones territoriales por parte del pueblo mapuche en lucha a ambos lados de la cordillera continúan creciendo y extendiéndose, a la vez que la represión se agudiza. El día sábado 25 de noviembre fue asesinado por Prefectura el compañero Rafael Nahuel, joven mapuche de 22 años que se encontraba resistiendo en la lof Lafken Winkul Mapu a 35 Km de Bariloche. Rafael junto a otros compañeros se encontraban defendiendo la reciente recuperación territorial frente a un mega operativo represivo iniciado el día jueves 23. La región está saturada de fuerzas represivas y los compañeros continúan resistiendo pese a la brutal represión y la muerte.

Facundo Jones Huala, lonko de la comunidad en resistencia de Cushamen, continúa preso desde junio en Esquel a la espera de un inminente juicio con el que buscan extraditarlo a Chile.

Nuestro compañero Santiago está muerto, asesinado por las fuerzas represivas y lo único que ha hecho la justicia es manosearlo, con infinitas autopsias que solo buscaron frenar la bronca para seguir mintiendo y protegiéndose.

No podemos esperar nada del Estado, que solo reprime, asesina y nos trata de estúpidos. Luchemos por Rafael y por Santiago. Continuemos movilizados por la libertad de Facundo Jones Huala y contra la represión hacia las comunidades mapuche. 

SOLIDARIDAD CON EL PUEBLO MAPUCHE EN LUCHA
LIBERTAD A FACUNDO JONES HUALA
SANTIAGO MALDONADO Y RAFAEL NAHUEL PRESENTES
¡VIVA LA LUCHA REVOLUCIONARIA!

Rosario-Argentina, diciembre de 2017

23 de noviembre de 2017

Contra el Estado y la Mercancía. Compilación de Cuadernos de Negación nros. 2 al 5


Los Cuadernos de Negación son un esfuerzo colectivo por comprender de forma integral la sociedad presente para superarla. En tal sentido, han sido un aporte compartido y difundido en diferentes regiones del mundo, no tanto por la orginalidad de sus planteos como por poner en común y en forma accesible discuciones, reflexiones y críticas ausentes, especialmente en este idioma.

Contra el Estado y la mercancía es una compilación de los primeros números de la revista Cuadernos de Negación publicados entre 2009 y 2011: Clases sociales, o la maldita costumbre de llamar las cosas por su nombre (nro. 2), Contra la sociedad mercantil generalizada (nro. 3), Sobre la necesidad de destrucción del Estado (nro. 4), Contra la democracia, sus derechos y deberes (nro. 5). Se han incluido también otros textos breves publicados por el colectivo.

La comprensión de esta sociedad se encuentra en su más profunda y despiadada crítica. Crítica que se expresa en los momentos de reflexión como en las acciones y revueltas, de manera colectiva y generalizada. En lucha por el comunismo y la anarquía.

15 de noviembre de 2017

Breve Balance de las jornadas de noviembre de 1922 en Ecuador (Borrador)


1.     En primer lugar, así como Gorter habla de las jornadas de marzo de 1921 en Alemania, nosotros hablamos de las jornadas y no sólo del 15 de noviembre de 1922 en Ecuador, porque ese día tuvo lugar tanto la huelga como la masacre obreras más grandes de la época en este país pero como parte y punto de quiebre de un ciclo de luchas más amplio que se venía acumulando desde los anteriores años, meses, semanas y, particularmente, días antes y días después del mismo 15 (de hecho, la huelga o “paro general” fue del 13 al 16). Por aquello que decía Marx de que en la historia existen veinte días en los cuales se condensa y pasa todo lo que no ha pasado en veinte años. Días estremecedores y decisivos.

2.     Este importante movimiento huelguístico local (principalmente de los trabajadores ferroviarios y cacahueros), en realidad fue una parte y expresión del “primer asalto del proletariado a la sociedad de clases” (como dicen los compañeros de Anarquía & Comunismo) a nivel histórico-mundial: 1917-1923, del cual la revolución rusa fue a su vez el acontecimiento principal y más influyente -pero no el único ni el más radical. Ese es el contexto y el proceso global que lo contiene. Para nosotros, comunistas anárquicos internacionalistas, lo más importante y reivindicable, lo más específico y a la vez lo más universal de este movimiento histórico local, por lo tanto, es el Soviet o Consejo Obrero de Guayaquil y las minorías activas de anarquistas revolucionarias como Alejo Capelo; hechos y aspectos denodadamente olvidados e inéditos hasta la fecha, tanto por las derechas como por las izquierdas, sobre los que, a contracorriente de ello, centraremos nuestro balance.  

3.     El Soviet o Consejo Obrero de Guayaquil (Comité de Huelga desde el 13 de noviembre de 1922 dirigido por la GAT, dirigida a su vez por la FTRE –anarcosindicalista-[1]) en sí es una importante conquista histórica en tanto que forma organizativa concreta de la lucha autónoma y del poder social alcanzado durante años por parte del proletariado aquí (nunca antes y nunca después existió algo así en este país). Si bien fue un órgano de “doble poder” (precario y fugaz) que desafió el poder de la burguesía al tomar el control sobre “el puerto principal”, en realidad y lamentablemente no fue revolucionario, principalmente por su falta de claridad e intransigencia programática de clase y por su democratismo o asambleísmo interno (una limitación propia del anarcosindicalismo -y también del consejismo o sovietismo). En este caso concreto, al interior de la GAT se permitió la existencia de sectores reformistas e incluso elementos reaccionarios que lograron imponer su programa antiproletario, burgués en su seno (exigir al gobierno “la defensa del sucre”, el tipo de cambio de la moneda y no luchar por las reivindicaciones de aumento del salario y reducción de la jornada de trabajo); esto es, aparte de ignorancia e ingenuidad políticas de los obreros y artesanos, una falta de ruptura con el programa o la ideología capitalista por parte de esta organización, lo que la desvió de la lucha proletaria contra el Capital y el Estado. De modo que, si bien su sola existencia ya es positiva y destacable durante este periodo histórico-mundial de la lucha de clases, la posición y actuación concreta del Soviet Anarco-Sindicalista de Guayaquil en las jornadas de noviembre de 1922 demuestra, a manera de contraejemplo, la razón y vigencia de una de las principales lecciones legadas por la izquierda comunista italiana (Bordiga -y que hoy en día recuperan y mantienen compañeros como el GCI y Guillamón-): que la lucha por la revolución social no es un asunto de formas organizativas (como los consejos obreros o soviets) sino de contenido social real, de necesidades reales de clase y relaciones de fuerza reales, expresadas en forma de programa vivo y, por tanto, de medidas o acciones concretas. Porque el comunismo es el movimiento real y la dictadura de las necesidades humanas sobre la dictadura del valor o no es. En este caso, ocurrió precisamente lo contrario: que en los momentos más tensos y decisivos de la “jornada noviembrina”, se logró imponer un programa ni siquiera obrero-socialdemócrata sino burgués al interior de esta organización proletaria sovietista local que llegó a controlar durante casi tres días una de las principales ciudades de este país.

4.     Otra debilidad de este movimiento fue el economicismo y el apoliticismo de su dirigencia anarcosindicalista, lo que se tradujo en no superar las demandas salariales y luego -peor aún- las demandas cambiarias y tributarias; en dejarse infiltrar y manipular políticamente por sectores reformistas y contrarrevolucionarios; en perder toda perspectiva y voluntad de poder proletario (ya “teniéndolo” en parte en las calles), de dictadura revolucionaria del proletariado; y en creer que la asamblea obrera y la huelga general pacífica (en esto los anarcosindicalistas ecuatorianos evidentemente no eran sorelianos) iba por sí sola a derrocar al capitalismo. Sí: faltó programa y dirección, faltó partido, pero No como una plataforma principista ni no una como organización formal, sino como un cúmulo de fuerzas y directrices prácticas orgánicas del movimiento proletario real, que pueden ser encarnadas por tales y cuales organizaciones y dirigentes proletarios en determinado contexto. También faltó unidad con el proletariado urbano y rural de las demás provincias del territorio nacional (que no significa lo mismo que “alianza con el campesinado” ni “unidad nacional”), internacionalismo, pasar a la ofensiva… y armamento.

5.     En suma, el Soviet de Guayaquil de noviembre de 1922 fue derrotado porque no supo usar hasta las últimas consecuencias su poder social real, debido principalmente a su desarme programático y a su falta de voluntad de poder (de toma del poder), lo que fue su primera y quizá principal derrota, ya que en asamblea obrera del 14 de noviembre primero triunfó un programa burgués (derrota política), y al día siguiente fue derrotado nueva y finalmente en las calles mediante la brutal represión estatal (derrota militar).   

6.     Por su parte, la burguesía de ese entonces (encabezada por los banqueros y los importadores, secundados por sus abogados-políticos), demostrando su conciencia de clase y haciendo uso de todo su poder, el 15 de noviembre de 1922 masacró a este movimiento proletario con el aparato represivo de su Estado porque realmente temía “la insurrección”, “la revolución”, “la dictadura del proletariado”, “la instauración de la república de los soviets”, “la anarquía” (en las propias palabras de sus voceros políticos y periodísticos de entonces, invocando además el asqueroso patriotismo o nacionalismo en contra de los “conspiradores bolcheviques internacionales” y “los peruanos”). El punto es que aquí el proletariado estaba luchando por todo aquello, pero no sabía que lo estaba haciendo. La burguesía, en cambio, sí lo supo y por eso lo aplastó. Trágica ironía de la historia.

7.     Los sectores más avanzados de este movimiento sin duda fueron los anarquistas, en especial los “comunistas libertarios” o anarco-comunistas (también habían espartaquistas). Fueron de hecho las minorías más claras y radicales de la época, puesto que, junto con reivindicaciones por mejoras concretas en las condiciones de trabajo y de vida de su clase, ya planteaban explícita y abiertamente la abolición de la propiedad privada y la supresión del capital, la comunidad de los medios de producción y de bienes, la sociedad sin clases ni Estado, el internacionalismo proletario, así como también la lucha autónoma y la acción directa como método de lucha. La cantidad y el contenido de su prensa (“El Proletario”, “El Hambriento”, “El Cacahuero”, “Luz y Acción”, “Alba Roja”, “La Revuelta”, “La Protesta”, “Bandera Roja”, “Tribuna Obrera”…) así lo testimonian, en clara sintonía con el movimiento revolucionario internacional de la época. En la lucha práctica, tanto en reuniones y asambleas como en las huelgas, contribuyeron durante lustros a la formación y elevación de la conciencia y la autonomía de clase del emergente proletariado urbano en estas tierras, a tal punto de llegar a estructurar en la ciudad de Guayaquil un Soviet o Consejo Obrero bajo el nombre de “Gran Asamblea de Trabajadores” y “Comité de Huelga” a mediados de noviembre de 1922. Sin embargo, y por desgracia, durante esas mismas jornadas no tuvieron la fuerza suficiente para imponerse como dirección revolucionaria real dentro de tal movimiento obrero real y conducirlo hasta las últimas consecuencias de la guerra de clases. Porque, como bien sostiene el GCI, las minorías revolucionarias deben luchar por imponer el contenido o programa histórico revolucionario de manera antidemocrática al interior de las formas organizativas proletarias aparentemente revolucionarias, así como también imponerlo a la socialdemocracia y a la burguesía. En este caso, no lo hicieron… o no lo hicieron con la fuerza necesaria y suficiente. Fueron derrotados y hasta eliminados, es cierto, pero en cambio existieron, agitaron, lucharon por la revolución social proletaria, por el comunismo y la anarquía, y unos pocos incluso sobrevivieron a la masacre estatal para contarlo. Para nosotros, este hecho es inseparable e igual de importante y reivindicable que el Soviet de Guayaquil, porque desde entonces no ha existido minorías realmente revolucionarias o radicales en este país, a excepción de Proletarios Revolucionarios del 2009 al 2016.

8.     Sobre las investigaciones y publicaciones realizadas hasta la fecha sobre esta histórica lucha proletaria en el Ecuador (Manuel Agustín Aguirre, Patricio Ycaza, Alexei Páez, Carlos Pazmiño): necesarias y respetables, con algunos elementos valiosos y rescatables, pero insuficientes, además de sesgadas y limitadas. La mejor de éstas, sin duda la de Patricio Ycaza[2] (quien a su vez recoge y profundiza elementos importantes del balance del “socialista revolucionario” Aguirre), y después la de Pazmiño[3] (que era anarquista y ahora es “ycaziano”). El mérito de ambos es que hicieron investigación de archivo de los documentos de la época, aportando información sobre los hechos históricos. Sus limitaciones más bien son sus interpretaciones ideológicas de los mismos: el primero por ser mirista (marxistaleninista-trotskoguevarista, aunque luego se pasó al PSE), y el segundo por ser anarcocomunista plataformista (y que ahora es “anarcomarxista” académico que dio su “apoyo crítico” al gobierno de Correa). Así pues, con respecto al Soviet de Guayaquil y a su vanguardia anarcosindicalista, ambos la mencionan (a los anarquistas): el primero critica sus “incuestionables limitaciones”, mientras que el segundo hace su apología con “honor y gloria”. Lo uno y lo otro es comprensible, pero es criticable, insuficiente y hasta prescindible. Porque no se trata de hacer un balance ideológico y nostálgico de esta histórica lucha proletaria, donde por ejemplo se sobrevalore el papel de tales o cuales actores y sus -ideologías, convirtiéndolos incluso en “héroes y mártires”; sino que se trata de hacer un balance histórico materialista y crítico desde una perspectiva revolucionaria e internacionalista de clase, del cual se extraigan las lecciones prácticas y teóricas para las luchas proletarias del presente y el futuro, el saber qué hacer, qué no hacer y por qué. 

9.     En ese sentido, el mejor balance sigue siendo el que hicieron los propios anarquistas revolucionarios que protagonizaron y sobrevivieron la masacre, como el compañero histórico Alejo Capelo[4]: “el 15 de noviembre de 1922 fue el bautizo de sangre del proletariado ecuatoriano, apartó a las clases entre sí, le enseñó al proletariado cuáles son sus enemigos mortales de siempre y, por tanto, el odio a la burguesía, la lucha contra el capitalismo y por la revolución social, la necesidad de la violencia proletaria…” Sin embargo, hubiese sido bueno también que hagan un balance autocrítico como el que hicieron Los Amigos de Durruti durante la llamada revolución española (1936-1937): también anarcosindicalistas que en carne propia llegaron a comprender y plantear con toda la razón que “la revolución es totalitaria o no es” y que por ello lo que se necesita es “programa, fusiles y junta revolucionaria”. Pero no lo hicieron. Décadas después, los historiadores izquierdistas del movimiento obrero ecuatoriano, tampoco lo hicieron; mejor dicho, aportaron datos y análisis interesantes (sobre todo Ycaza), pero no hicieron un balance verdaderamente revolucionario. En los años recientes, los supuestos nuevos “comunistas libertarios” o “anarco-comunistas” de este país (“Hijos del Pueblo”, allá por el 2009), tampoco lo hicieron. Investigaron y reprodujeron interesantísimos fragmentos de la prensa ácrata de la época, pero no hablaron sobre el Soviet de Guayaquil (seguramente porque para ellos eso hubiese sido “consejista”), sino sólo sobre “el papel de los héroes y mártires anarquistas”. Carlos Lasso Cueva en un artículo suyo reciente, en cambio, no menciona ni al soviet ni a los proletarios anarquistas guayaquileños, sino que se estanca en una interpretación izquierdista que recoge elementos válidos del balance de Aguirre pero los mezcla con otros elementos de interpretación trotskista, luxemburguista y hasta de la CCI: una bazofia ecléctica. Por su parte, Proletarios Revolucionarios tampoco hicieron un balance de esta lucha al estilo de la “izquierda comunista” histórica, a excepción de un escueto pero certero balance en una volante del 2014 alusiva a la fecha[5] y además la rememoraban o al menos mencionaban en volantes anteriores y posteriores, porque siempre supieron y expresaron que esta fecha es y debe ser una parte de la memoria histórica del proletariado local y mundial. Luego a lo interno lo plantearon como proyecto de investigación y publicación, pero se quedó sólo en idea debido a su autodisolución en el 2016. Que el presente y breve balance sirva, entonces, como un pequeño aporte para llenar ese vacío y también como un “esqueleto” para un futuro balance más completo, riguroso y profundo de nuestra parte.

Unos proletarios, Quito, 15 de noviembre de 2017


[1] FTRE: Federación de Trabajadores Regional Ecuatoriana. GAT: Gran Asamblea de Trabajadores.
[2] Patricio Ycaza (1984). Historia del Movimiento Obrero Ecuatoriano. Primera Parte (de su génesis al Frente Popular). Quito: Centro de Documentación e Información de los Movimientos Sociales del Ecuador-CEDIME. (Sobre todo el Capítulo 2, dedicado al anarcosindicalismo y la jornada de noviembre de 1922).                                                                                                                                                   
[3] Carlos Pazmiño (2009). El 15 de Noviembre de 1922 y el papel de los anarquistas en el seno de la clase obrera ecuatoriana. Disponible en: https://www.anarkismo.net/article/14992
[4] Alejo Capelo (1973). Una jornada sangrienta (15 de noviembre de 1922). Guayaquil: Departamento de Publicaciones de la Universidad de Guayaquil.
[5] Ver 15 de Noviembre: ¡Guerra de Clases, Guerra de Memorias! Disponible en: http://proletariosrevolucionarios.blogspot.com/2014/11/ecuador-15-de-noviembre-guerra-de_14.html

11 de noviembre de 2017

Anarquía & Comunismo 10: Especial a 100 años de la revolución rusa

Presentación general

El desarrollo del modo de producción capitalista, que comienza a manifestarse a fines del siglo XV, debió enfrentar la resistencia de diversos grupos humanos a proletarizarse (por ejemplo, sectores del campesinado en Europa, distintas etnias en el “nuevo mundo”, etc.). Fueron siglos de enfrentamientos por someter a las poblaciones humanas a las lógicas de la acumulación de capital, aceleradas con la revolución industrial. A inicios del siglo XIX, en el corazón de la sociedad capitalista más avanzada de su tiempo, Inglaterra, el movimiento luddita, con sus ataques a la maquinaria industrial, fue una de las últimas contestaciones radicales en este proceso de violenta acumulación originaria. Como sabemos, el capital y su estado ahogaron en sangre estos levantamientos, creando con ello la base social necesaria para el proceso de producción de mercancías; el proletariado. Pero esta clase social no dejó de rebelarse contra el trabajo asalariado y las condiciones de vida que se le imponían, e irrumpe con fuerza en la historia para reivindicar sus propios intereses como humanidad explotada. Un primer hito lo marca la revolución de 1848, que en Francia alcanzó sus momentos más álgidos, y que es considerado el primer proceso revolucionario moderno que tiene como protagonista al proletariado. Derrotado, este movimiento se vuelve a manifestar con fuerza en 1871, dando vida a la Comuna de París, experiencia subversiva que señala el camino (con sus potencialidades y limitaciones) de posteriores procesos de auto emancipación. Así, una nueva oleada revolucionaria hace temblar a la clase capitalista a principios del siglo XX, una de cuyas primeras manifestaciones lo constituye la revolución rusa de 1905, que ve el surgimiento de los soviets como organismos de lucha autónomos del proletariado. Pero no sólo allí, sino en todas partes del globo, la lucha obrera se muestra tenaz y en auge, mientras la represión estatal intenta reaccionar con su acostumbrado arsenal del terror. La competencia entre capitalistas deriva necesariamente en cruentos enfrentamientos bélicos, conduciendo a la humanidad a la carnicería de la Primera Guerra Mundial, ocasión que señala definitivamente el papel de las burocracias obreras aliadas con la burguesía progresista, encarnadas en el gigantesco partido-estado socialdemócrata -muy fuerte sobre todo en Alemania-, que apoya a sus propias naciones imperialistas en este conflicto, conduciendo a la ruptura con estos aparatos por parte importante del movimiento revolucionario. El clímax de este vendaval se concentra entre los años 1917-1923, con la revolución rusa de octubre como experiencia central, pero que ve también brotes de lucha radical en Alemania, Holanda, Hungría, China, Latinoamérica (destacando la revolución mexicana), etc. A este movimiento internacional nos referimos cuando hablamos del "primer asalto proletario a la sociedad de clases", cuyo último estallido, aislado ya, pero quizás el que más lejos llegó en vislumbrar una sociedad comunista, lo constituye la revolución española (julio 1936 - mayo 1937). 

Tal movimiento histórico, en el que varias revueltas e insurrecciones se entrelazan espacial y temporalmente, evidencian una multitud de factores a considerar que no permiten reducirlo a simples gestas heroicas gatilladas por individuos iluminados o sectas ideológicas particulares, por más que se esfuercen en afirmar lo contrario, asumiéndolo o no, sus tristes epígonos actuales, nostálgicos de líderes y banderas de disfraz socialista. La derrota sufrida por el proletariado en este ciclo de luchas no fue, claro está, sólo militar; no superar la conducción de las experiencias subversivas por parte de partidos de ideología y programa fundamentalmente capitalistas, como lo fueron todas las derivaciones superficialmente escindidas del tronco socialdemócrata, entre las que destacan con notoriedad los bolcheviques, significó sucumbir ante el monstruoso ciclo de autovalorización del valor, que dejó intactas -o contribuyó activamente a fortalecer- las categorías esenciales del capital: trabajo asalariado, producción de mercancías, plusvalor en manos de la burguesía tradicional o de la burocracia roja (clase capitalista a fin de cuentas), aparataje estatal (y su inmanente poder represivo) y alienación. Hay todavía quienes ven en el ascenso de los bolcheviques al poder y el posterior desarrollo de la URSS, un triunfo del socialismo. "Hay derrotas que deben considerarse como victorias y victorias que deben considerarse como derrotas: la Comuna de París de 1871 pertenece a las primeras, la revolución rusa de 1917 a las segundas", nos dice el MIL en su ya clásico texto "Revolución hasta el Fin". El interés que posee el estudio de esta oleada revolucionaria, a cien años de la revolución rusa y contra-revolución bolchevique, es nada menos que descubrir los factores que hagan efectivamente posible una ruptura revolucionaria, comunista anárquica, con la civilización del capital. Debatir los elementos teórico-prácticos que permitan de una vez por todas librarnos de nuestra condición de clase explotada, abolir todas las separaciones que nos mutilan: Construir la comunidad humana.

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En este número:

- A 100 años de la Revolución Rusa: Una introducción histórica
- La oleada revolucionaria de 1917/1923
- Dossier: extractos de Grandizo Munis y Victor Serge sobre la cuestión rusa
- Arbeit Macht Frei, o la concepción socialdemócrata de la transición al socialismo
- Leninismo y contrarrevolución: correspondencia revolucionaria sobre la revolución rusa
- Epílogo: Revolución a título humano

10 de noviembre de 2017

Guerra de Clases en EE. UU. con forma racial


Video-panfleto a propósito de los acontecimientos en Estados Unidos que giran en torno a los disturbios raciales; que más que raciales son parte de un contexto más amplio que es la lucha de clases. - Materiales X la Emancipación

19 de septiembre de 2017

Apocalipsis y Supervivencia*

Consideraciones sobre el libro «Critica dell’utopia capitale» de Giorgio Cesarano y la experiencia de la corriente comunista radical en Italia

Francesco Santini (1994)

Este es uno de aquellos textos -geniales y brutales, brillantes y cortopunzantes- con los cuales uno se siente conmovido y hasta identificado, porque te resulta significativo, como si mucho antes de tí otro te hubiese tomado una fotografía del "alma" en determinado momento de esta (muerte en) vida, la hubiese "traducido" a palabra y luego regresado desde el pasado hasta el presente tan sólo para leértela en voz alta. Sí, voces. Voces que unas veces nublan, y otras encandilan. Causa ésta no poco frecuente de derrotas (incluidas disoluciones, deserciones y decepciones entre compañeros de lucha) y hasta de muertes, pero, al mismo tiempo, poco asumida y combatida dentro del propio movimiento revolucionario de la humanidad proletarizada y sufriente; en este caso, no sólo debido al sufrimiento de no tener trabajo ni dinero para comer, sino también al sufrimiento psíquico que puede terminar en el aislamiento, la "locura" y el suicidio. De hecho, hoy en día se registra a nivel mundial más de 800 000 personas muertas por suicidio cada año (1 suicidio cada 40 segundos). Un "anatema", "peste" y "apocalipsis" que, silencioso e inmisericorde, nos azota y decapita generación tras generación, en todas partes. Tragedia proletaria, a veces lúcida y épica (locura proletaria que se hace un harakiri o que se lanza al río anclada a su propia roca), de la cual Guy Debord ya hubo de dejarnos testimonio en "In girum imus nocte et consumimur igni" (1978) y años más tarde (1994) con su propio suicidio: "Y un día aciago incluso el jugador más bello que había entre nosotros se perdió en los bosques de la locura. No hay mayor locura que la organización actual de la vida. [...] «¿Dónde están los galanes / a los que antaño seguí?» Unos están muertos; otro vivió más de prisa todavía, hasta que se cerraron tras de él las rejas de la demencia." Entonces, como proletarios -y como "locos"- que se saben tales y quieren dejar de serlo, contra todo ello también hay que luchar no sólo para sobrevivir -que es lo mismo que no morir-, sino para vivir humana, sana y plenamente. (Nota de Ex-PR, septiembre 2017)

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... «Apocalipsis y sobrevivencia», al profundizar en la relación entre teoría y práctica durante ese período, pone de manifiesto una dimensión casi siempre pasada por alto por la crítica radical: el hecho de que en períodos de intensa actividad revolucionaria la experiencia exaltante de romper con el viejo mundo se combina en la vida de la gente con el temor de lanzarse a lo desconocido, con el sufrimiento de ver destrozada la seguridad de sus propios hábitos y relaciones, con la necesidad de hacer sacrificios y de entrar en compromisos, con el sinsabor de las intrigas políticas y los choques ideológicos… todas esas cosas que hacen de las revoluciones algo más que una “gran fiesta”. En vez de reiterar la típica letanía simplificadora que pone al proletariado de un lado y a la reacción del otro, el autor mete el dedo en las tensiones explosivas que sacudieron las vidas de los revolucionarios en ese tiempo; así como en las conflictivas relaciones mutuas sostenidas por diversas corrientes al interior del movimiento proletario. (Introducción del traductor, Comunización, 2010)

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... 2. La "corriente radical" y el suicidio de Giorgio Cesarano 

Al lector de «Critica dell’utopia capitale» no puede dejar de impresionarle el suicidio de Giorgio Cesarano, a los cuarenta y siete años, precisamente cuando luchaba para producir su obra más importante. Al momento del suicidio su trabajo teórico estaba en pleno apogeo. Su muerte interrumpió una investigación que estaba abierta, en un momento en que se desarrollaban duras controversias y cuando aún eran posibles colaboraciones fructíferas y nuevos encuentros. El 77 estaba a la vuelta de la esquina y Cesarano ya entreveía la posibilidad de un compromiso "práctico" personal que le abriese las puertas a la acción, que a él le resultaba más apremiante que la comunicación teórica. Ya en esa época participaba en «Puzz» (revista publicada por el núcleo informal Situazione Creativa de Quarto Oggiaro) y quería continuar y profundizar esa colaboración. 

En la primavera del 75 los jóvenes de Quarto Oggiaro ya estaban comprometidos en la lucha callejera (junto a una naciente "Autonomia Operaia" [Autonomía Obrera]): aunque sólo fuese por unos pocos días, en Milán reaparecieron las barricadas. Durante todo el 75 y el 76 se manifestaron, en diversas ocasiones, agrupamientos espontáneos de "radicales" que ya constituían un punto de referencia para varias publicaciones aparecidas en ese período en varias ciudades de Italia. A los veteranos del largo ciclo de lucha de los sesenta se sumó finalmente un buen número de jóvenes. La "corriente radical" empezaba a hacerse sentir, atrayendo también a muchos descontentos de la Autonomia Operaia, de la universidad, de las asambleas y de la calle; y en vísperas del 77 empezaba a ser nuevamente una presencia crítica central que contaba con una difusa red de contactos.

En ese ambiente, en general muy favorable, se hizo sentir la falta de Cesarano: al incremento numérico no correspondía un incremento teórico-crítico. [...]

Más allá de su historia personal, ese acto desesperado se basa en las limitaciones de una corriente que poco tiempo después iba a poner de manifiesto su propia crisis.

Uno de los contenidos característicos desarrollados por el autor del «Manuale di sopravvivenza» es la necesidad de pasar la "prueba" que, en períodos de escasa tensión social, se impone a todo revolucionario: resistir, mientras dure el “entreacto” de la revolución, el asalto homicida de los fantasmas de la culpa, la soledad que lleva a la confusión, las alucinaciones y extravíos que llevan a la locura, el retorno a los roles habituales, económicos y familiares, que se creían ya superados. Giorgio Cesarano, profundamente conmocionado por el suicidio de su querido amigo y compañero Eddie Ginosa, puso de relieve los peligros que corre el revolucionario cuando no puede reconocerse en un proceso de lucha social y se pierde en la realidad alucinatoria y omnipresente del proceso de valorización capitalista, respecto del cual se percibe como un irreductible otro. En ese momento puede sentir la realidad como algo ajeno y experimentar su propia rabia, su propia revuelta, como algo completo, exclusivo y único, es decir, de una manera patológica. Es por ello que el aislamiento puede constituir un riesgo mortal, frente al cual el revolucionario debe tener la lucidez y la distancia necesaria para encontrar sus propias razones, y para entender que sus razones son las de todos:

«[…] la función biológica de la revuelta nacida de cada experimentación individual es que cada cual reconozca su práctica como genérica y ajena a la teoría dada. Los hombres no carecen ni de la fuerza ni de la lucidez de la crítica práctica. No existe “persona” que no conozca por sí misma los contornos de la pesadilla que, pese a todo, llamamos vida. Lo aparente, en tanto que apariencia, no puede retener ni el menor rastro de una mirada que sepa traspasar el falso muro de la individualidad sufriente, que sepa aferrar, entre este yo y el yo que designa al tú, los terribles signos de la destrucción de la vida, las grietas a través de las cuales se puede finalmente reconocer lo que es siempre patente, visible: la identidad de la mutilación paradojalmente aceptada por todos en nombre de la identidad de cada cual como diferente y específico. La verdad trivial de estar todos absolutamente despojados de identidad real –identidad con la necesidad de ser, con el deseo de amar– a cambio de una identidad absolutamente carcelaria, nouménica en la forma y numérica en la sustancia. La necesidad de ser es la necesidad elemental, banal; el sufrimiento de no ser es asimismo elemental y banal. El problema es “los demás”, el “reino” laberíntico que no es vida de nada ni de nadie, y que afirma ser la vida del todo, y el todo de todos…»

…con tal de extraer de ellos infelicidad y desesperación, arrebatándoles la fuerza inconmensurable de una iniciación revolucionaria a la pasión y a la vida.

Al haberse ocupado de la totalidad y centrado su interés en la crítica de la vida cotidiana y en la experimentación que condujera al éxtasis, la corriente radical tuvo que pagar un precio muy alto a la contrarrevolución, sufriendo inexorablemente la autodestrucción de los individuos más apasionados, los que más genuinamente disfrutaban de la vida y los que más incapaces eran de adaptarse a la penumbra sin esperanza de la cotidianidad del capital. A diferencia de otras tendencias contemporáneas -que ahora son nuestros "enemigos"- la tendencia comunista radical no fue masacrada por la represión, ni se cuentan en sus filas elementos infames y disociados: en conjunto, no ha renegado de sí misma. Aparte de los muy pocos que han "traicionado" al cooperar formalmente con las ideologías y organizaciones políticas del capital, la mayoría de nosotros hemos abandonado la perspectiva revolucionaria a la inercia y al conformismo, o al resentimiento acumulado (hacia el proletariado que no quiere devenir revolucionario, o hacia los compañeros más brillantes y admirados en los que reposaba nuestra confianza y que demasiado a menudo no supieron ser fieles a su crítica sin concesiones, a veces despiadada, de lo existente, ni tuvieron la eficacia suficiente para armar su ira). Pero aquellos que consideraban la pasión revolucionaria como una fuerza "biológica", una energía profundamente arraigada en su ser, han seguido tejiendo la tela de Penélope de la teoría y experimentando soluciones que les permitan sobrevivir y escapar de cualquier forma a la invasión de un presente opaco y engañoso. Algunos se arrojaron a aventuras "románticas" en países exóticos, aunque sin ampararse en la ideología de la "aventura” turística. Otros han aliviado su nostalgia recurriendo a la delincuencia. Muchos han muerto, algunos están en la cárcel. La mayoría en todo caso han "terminado mal", como tenía que ocurrirle a unos individuos desprovistos de riquezas o de un "savoir vivre" [saber vivir] acumulado, y que, en cualquier caso, nunca tuvieron el menor interés en ser exitosos en este mundo...

(Francesco Santini, 1994.) 

Leer el texto completo
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* NOTA: A falta de otro blog, las publicaciones posteriores a mayo de 2016 en este blog ya NO son de PR, grupo autodisuelto o que ya no existe, sino solamente de uno de sus ex-integrantes. (Ex-PR, septiembre 2017)

18 de septiembre de 2017

Sobre la organización: las mafias (dentro y fuera del Estado) y el Estado como mafia*

Jacques Camatte & Gianni Collu

Esta carta de 1972 fue traducida al castellano y publicada por los editores de la revista Correo Proletario, para su número 2 de marzo 2008. Allí el texto aparece precedido de una “Introducción a Jacques Camatte y el grupo Invariance” y de una nota editorial titulada “La exigencia organizacional y la lucha de clases”. Por ahora nos limitamos a poner el texto de Camatte/Collu, y dejamos para una próxima edición la entrega de esos dos materiales complementarios, que pueden leerse en correoproletario.blogspot.com. (Nota de Comunización, 2010)

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INTRODUCCIÓN

La carta que sigue (del 04/09/1969) llevó a la disolución del grupo que se comenzó a formar en base a las posiciones expuestas en Invariance (i) y abrió un importante campo, de reflexión y debate, que persiste hasta hoy. Algunas de sus conclusiones ya fueron discutidas en"Transition" No 8 (ii), serie 1.

Aunque ciertos problemas revelados por la carta hayan sido parcialmente tratados, otros fueron mal abordados. Es, pues, necesario –dada la importancia de hacer una ruptura más clara con el pasado– ahora publicarla, de modo que el lector evalúe la obra ya realizada y lo que resta por hacer.

Puesto que es simultáneamente una ruptura (y así una conclusión) y un punto de partida, la carta contiene un cierto número de imprecisiones, gérmenes de posibles errores. Indicaremos los más importantes con una nota. Dicho sea de paso, dado que fue posible para nosotros por entonces, cuando rechazamos el método de grupo, esbozar “concretamente” cómo ser revolucionarios, nuestro rechazo del grupo pequeño podría ser interpretado como la vuelta a un individualismo más o menos stirneriano (iii). O como si de ahora en adelante la única certeza fuese la subjetividad cultivada de cada individuo revolucionario. ¡Nada de eso! Era necesario rechazar públicamente una cierta percepción de la realidad social y la práctica ligada a ella, pues son un punto de partida para el proceso de formación de mafias. Si abandonamos totalmente el movimiento grupuscular fue para, simultáneamente, ser capaces de relacionarnos con otros revolucionarios que hayan hecho una ruptura análoga. Ahora, habría una producción directa de revolucionarios que sobrepasa el punto en que estábamos cuando rompimos. Así, se habría pensado en términos de una potencial “unificación” si no estuviésemos llevando la ruptura con el punto de vista político hasta las profundidades de nuestras conciencias individuales.

Dado que la esencia de la política es la representación, cada grupo está siempre tentado a proyectar una imagen espectacular sobre la tela social. Los grupos están siempre explicando cómo se representan en vista de ser reconocidos por ciertas personas como la vanguardia que representa a otros, la clase. Esto se hace manifiesto en los famosos “lo que nos distingue” de varios pequeños grupos en busca de reconocimiento. Toda delimitación es limitación y, con frecuencia, rápidamente se reduce a algunos slogans de representación destinados al espectáculo de algarabía ideológica. Toda representación política es antesala y obstáculo para una fusión de fuerzas. Una vez que la representación puede darse tanto a nivel individual como grupal, refugiarse en el primer nivel sería, para nosotros, una repetición del pasado.

Camatte, 1972.
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POST-SCRIPTUM

Hablar de retomar una actitud adoptada por Marx en cierto momento de su actividad revolucionaria resultó de una profunda incapacidad de comprender que la fase de dominación [subsunción] formal había sido completada. Marx había de tomar aquella posición, que sólo era válida para aquel período. Dicho sea de paso, su posición teórica sobre la cuestión del partido no es tan rígida como la carta indica. Lo que es todavía menos aceptable en las afirmaciones hechas más arriba es que ellas podrían llevar a una nueva teoría de la consciencia venida desde fuera, una teoría elitista del desarrollo del movimiento revolucionario.

El rechazo de toda organización no es una simple posición antiorganizacional, ni la manifestación de un deseo de originalidad, de diferenciarse y así alcanzar una posición para atraer a las personas. Si así fuese, el proceso de formación de bandos recomenzaría. 

Nuestra posición sobre la disolución de los grupos deriva, por un lado, del estudio del llegar-a-ser del modo de producción capitalista; por otro, de nuestra caracterización del movimiento de Mayo [de 1968]. Estamos profundamente convencidos de que el fenómeno revolucionario está en movimiento y que, como siempre, la consciencia viene después de la acción. Esto significa que, en el vasto movimiento de rebelión contra el capital, los revolucionarios tenderán a adoptar un determinado comportamiento -que no será adquirido por completo, ni inmediatamente- compatible con la lucha decisiva y determinante contra el capital.

Podemos prever el contenido de esa "organización". Ella combinará la aspiración a la comunidad humana con la afirmación individual, combinación que es característica de la actual fase revolucionaria. Objetivará la reconciliación del hombre con la naturaleza, la revolución comunista siendo también una revuelta de la naturaleza (o sea, contra el capital; además ella ocurre mediante una nueva relación con la naturaleza) a la cual seremos capaces de sobrevivir, para evitar la segunda de las dos alternativas que enfrentamos hoy: comunismo o destrucción de la especie humana.

Para comprender mejor este llegar-a-ser organizacional, bien como facilitarlo sin inhibir sea lo que fuera, es importante rechazar todas las viejas formas y entrar, sin principios a priori, en el vasto movimiento de nuestra liberación, que se desarrolla a escala mundial. Es necesario eliminar todo que lo que puede transformarse en un obstáculo al movimiento revolucionario. En circunstancias dadas y en el curso de acciones específicas, la corriente revolucionaria será estructurada y se estructurará no sólo pasivamente, espontáneamente, sino siempre dirigiendo el esfuerzo hacia el problema de cómo realizar la verdadera Gemeinwesen (esencia común/comunidad humana) y el hombre social, lo que implica la reconciliación del hombre con la naturaleza.

Camatte, 1972.

Leer el texto completo 1 (trad. Correo Proletario, 2008)
Leer el texto completo 2 (trad. Federico Corriente, 2017)

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* NOTA: A falta de otro blog, las publicaciones posteriores a mayo de 2016 en este blog ya NO son de PR, grupo autodisuelto o que ya no existe, sino solamente de uno de sus ex-integrantes. (Ex-PR, septiembre 2017)